Érase una vez las aspiradoras que no aspiraban y los jabones que no limpiaban

De tú(1) a tú(2):

Me he dado cuenta que los argumentos que invento, cuando los digo en voz alta, suenan ridículos. Y que nunca sé acabar ni empezar. Tampoco escribo, ni leo, ni dibujo, ni escucho lo suficiente. Mis historias están huérfanas antes de nacer, porque no tienen narrador (digamos que: nunca llegó). Que todo está inventado, lo “original” no existe (puñeteras partículas subatómicas…).

Digamos que: digo muchas tonterías dentro y fuera.

Escribir sobre algo que quieres, es irritante, nunca sale bien.

-¡Ataca!-. La brisa obedece. Mientras el viento las abre en canal, ellas lloran. La Luna está satisfecha ya.

D. Moreno

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